¿Y qué de tu vida mamá, de tus sueños?

Ahora les voy a contar cómo el mismo Dios que me llamó a hacer “escuela en casa” cuadró mis tiempos, me ha regalado la oportunidad de seguir trabajando dentro de mi área profesional y hasta tengo más tiempo para estar con mis amigos, familia y con mi esposo.

Creo que ésta fue precisamente la primera pregunta que me hice antes de emprender este proyecto. ¿Qué va a pasar con mis sueños, con mi profesión y hasta con mi vida social? La verdad sentí miedo al principio porque no sabía con certeza cómo iba a funcionar eso.

Ahora les voy a contar cómo el mismo Dios que me llamó a hacer “escuela en casa” cuadró mis tiempos, me ha regalado la oportunidad de seguir trabajando dentro de mi área profesional y hasta tengo más tiempo para estar con mis amigos, familia y con mi esposo.

De lunes a miércoles mis mañanas y tardes están completamente dedicadas a mis hijos, pero el día jueves gozo de la ayuda de mi esposo, él toma la posta en este proceso y está a cargo de dos materias en ese día: Ciencias y Arte. Durante esas horas de la mañana trabajo en una radio cristiana produciendo un micro – programa para la Familia. Este es un tiempo que me gusta, pues converso con amigos y colegas a los que aprecio mucho.

Más tarde almuerzo con mis padres, los visito, charlamos y por un par de horas disfruto de los privilegios de ser consentida por ellos. En otras ocasiones me veo con amigas solo para conversar y hacernos compañía. Para cerrar “mi día” por la noche tomo clases de danza. Es un día especial, un respiro necesario, una terapia y como mi esposo dice: “una inversión que vale la pena, llegas tonificada” jajajaj…

Pero no para ahí, el viernes “FUN FRIDAY” mis hijos visitan desde temprano a sus abuelitos y es su turno de ser mimados. Durante esa mañana recibo clases de teatro y adivinen quien es mi maestro? si,  mi esposito. Junto a otras tres compañeras tengo la oportunidad de aprender actuación. Después almuerzo con mi esposo y tenemos un tiempo para conversar, conectarnos y hacer planes. En la tarde recojo a mis hijos de casa de los abuelitos y los llevo a piscina, allí me relajo, jugamos y hacemos deporte.

¿Qué de mi vida? ¿Es esforzada a veces? ¿Y la de quién no lo es? pero he aprendido a tener momentos que me permiten parar y al dejar de mover el agua, puedo mirar mejor en el fondo y hacer cambios, deleitarme en los progresos que veo, aceptar mis derrotas, llorar por aquello que aún no veo, pero al final tomar fuerzas y seguir… creer que vale la pena y que un día veré el campo florecido.

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