¿Por qué lo hacemos?

Esta pregunta ha llegado hasta mi muchas veces. En ciertas ocasiones me lo dije yo misma. En otras vino desde afuera y se posó entre mis pensamientos. En cualquiera de los dos casos, una cosa es cierta no fue un decisión sencilla y sostenerme ha costado.

Hace sólo unos días atrás me junté con otras familias homeschool que también se han preguntado en más de una ocasión ¿Por qué hago esto? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Mis hijos son felices o estoy remando contra corriente ?

En mi búsqueda de una respuesta sensata que me ayude a sostenerme encuentro un diseño plasmado en el libro de los diseños celestiales. La Biblia. A través de la vida y la historia de Abraham registrada a partir de Génesis 12, reconozco como se establece una verdad que me impulsa y me sustenta en esta aventura.

¿Quién fue Abraham? La palabra nos dice que fue un hombre rico, que tuvo muchas posesiones, que vivía en un tierra donde muchos dioses competían por el corazón de la gente, un varón casado con una mujer de hermoso parecer pero con quien no había podido tener hijos.

Un día el Señor Dios todopoderoso se presenta delante de él y le da una sola instrucción «vete de tu tierra y de tu parentela y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré» Gen 12:1. Aquí una pausa de reflexión. En medio de una tierra de idólatras ¿ cómo pudo reconocer la voz del verdadero Dios? Cuál fue la certeza que llevo a este hombre a hacer algo LOCO; dejar su tierra, su casa, sus comodidades para ir a un lugar que en ese momento desconocía completamente. 

Y es esta la pregunta que te hago ¿Cómo supiste que era tiempo de salir del conocido sistema educativo, la escuela, para dar el salto hacia lo desconocido? ¿Cuál fue la voz que escuchaste para tomar semejante decisión? ¿Fue el mismo Señor? ¿ Y cómo supiste que era El quien habló? Quizás el Señor uso a alguien más un amigo, un pariente, tu propio hijo, quién?

Al volver a aquel momento salta una certeza en mi corazón. Fuiste tu Señor, quizás las circunstancia ayudaron pero fuiste Tu. El mismo que habló a Abraham sal, toma el camino incierto conmigo, yo te llevo, yo te ayudo. Porque una bendición tengo para ti. «Y haré de ti una nación grande, y te bendecire, y engrandecere tu nombre y serás bendición». Gen.12:2.

Esta decisión tiene que ver con esa promesa. GENERACIONES. La tuya, la mía, gente que pague el precio al salir de su comodidad para levantar esa Nación de hijos. Hombres y mujeres que dejaron lo conocido para tomar una ruta desconocida.

Es interesante como al continuar con la historia de este patriarca, podemos ver que más de una vez le asaltó la incertidumbre de saber si la promesa de Dios se cumpliría o no. Esa misma incertidumbre que a veces sentimos. ¿Estaré haciendo lo correcto? No podemos abortar a nuestro Isaac, uno que llevó en sí mismo la simiente de una gran nación de donde provendría el Salvador del mundo.

Esta sociedad está diseñada sobre la inmediatez, ¡ya! queremos ver lo resultados, la promesa Señor, tu dijiste… pero El esta trabajando en nosotros primero como padres para que levantemos a esos Isaacs que llevarán en sí mismos Salvación a las Naciones. Porque tu te hiciste cargo de poner esa semilla en su espíritu día a día, con esfuerzo pero un día veremos al fruto florecer y nos gozaremos con el Señor por lo recorrido por haber esperado, por haber perseverado, por cada lágrima, cada momento de frustración, por haber reconocido su voz y abrazado un diseño de enseñanza que nace del corazón de nuestro Abba. Pero ese tema lo trataremos la próxima.

«He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, me he mantenido en la fe». 2 Tim. 4:7

Una mamá

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.